In Cold Blurb

La cultura del blurb: un intercambio de favores que fomenta un ecosistema literario incestuoso y no meritocrático que frecuentemente premia las conexiones en vez del talento.

1 abril 2025

© Ben Wiseman

En los años que van de este siglo han decaído, si no es que desaparecido, varios tipos de texto en que lectores más o menos «especializados» hablan sobre libros e inducen a otros lectores a leer. Uno de los síntomas de esa alteración es el uso generalizado de los blurbs: citas donde un autor, crítico literario o «experto» escribe un elogio que aparece en las portadas o las contraportadas para recomendar el libro en cuestión. 


En el panorama editorial norteamericano ya se dan debates en torno a los efectos de estas estrategias de promoción. Es probable que el volumen del consumo —de la oferta y la demanda de sus productos, en este caso libros— los obligue a preguntarse, un poco antes que al resto, sobre el sentido de la vida de algunas invenciones. La ensayista Maris Kreizman, por ejemplo, comentando la decisión del sello editorial Simon & Schuster de dejar de considerar la petición de blurbs como una fase imprescindible del proceso de edición, promoción y comercialización de sus libros, dijo esto al respecto:

 

Frecuentemente lamento la disminución de la cobertura de libros en los medios de interés general, con muchas revistas y periódicos (los que siguen vivos, vaya) cortando sus secciones si no es que abandonándolas por completo. Con esta escasez de crítica vienen menos posibilidades de que los autores reciban comentarios que elogian los libros que escriben. En este panorama, los blurbs se vuelven más importantes: si el libro o libros previos de un autor no son ampliamente reseñados o comentados, un blurb de un autor se vuelve la mejor opción. Esto es particularmente cierto para los primeros libros, y en especial aquellos de escritores, como yo, que no están respaldados por diplomas de universidades prestigiosas (y los blurbs de prestigiosos profesores que vienen con ellos).

 

En otro texto publicado dos semanas antes del de Kreizman, Sean Manning, el publisher de Simon & Schuster, explicó su decisión, en parte, así:

 

Esto no es común en ninguna otra industria artística. ¿Qué tan seguido aparece un blurb de un cineasta en el póster de la película de otro cineasta? ¿Y un blurb de un músico en la cubierta de un álbum de otro músico, o un blurb de un diseñador de juegos de mesa en la tapa del juego de otro diseñador de juegos de mesa? El argumento ha sido siempre que esto es lo que hace especial a la industria editorial: la confraternidad de los autores y su disposición a apoyarse unos a otros. No estoy de acuerdo. Creo que la insistencia en los blurbs se ha vuelto increíblemente dañina para lo que debería de ser el objetivo central de nuestro gremio: producir libros de la mejor calidad posible. Hacer buenos libros toma mucho tiempo, y estar tratando de conseguir blurbs no es un buen uso del tiempo de nadie. En vez de eso, los autores que los solicitan deberían estar escribiendo su próximo libro; los agentes podrían estar buscando libros nuevos; los editores mejorando los libros revisándolos de nuevo; y los autores a los que se les pide el blurb podrían estar leyendo libros que de verdad quieren leer, y que beneficiarán su trabajo, en vez de estar leyendo libros que sienten que tienen que leer por cortesía con su editor, su agente, su amigo escritor o su ex-estudiante. Lo peor es que este intercambio de favores fomenta un ecosistema literario incestuoso y no meritocrático que frecuentemente premia las conexiones en vez del talento. 

 

Estas líneas de Manning sugieren que algo de la cuestión sobre la existencia o inexistencia de los blurbs puede resolverse sin la mediación de los autores. El espacio en las cubiertas o contracubiertas de los libros más las capacidades de las personas que deciden publicarlos abren una zona para la creatividad. ¿Dónde, si no en la confianza que un lector le tiene a los motivos de esta decisión, está parte del poder de un editor? Un ejemplo de una actividad creativa, hay quien diría incluso marcadamente literaria, que se da en el mismo espacio en que aparecen, casi siempre, los blurbs, son los textos de contraportada, que normalmente escriben editores o escritores «especializados», pues su objetivo también es imantar a un lector desde la cubierta. Louise Willder dice esto en Cien palabras a un desconocido, el más reciente libro de la colección Editor de Gris Tormenta: 

 

Llevo veinticinco años trabajando en el mundo editorial como redactora publicitaria, y a lo largo de este tiempo me ha fascinado lo que las palabras hacen entre ellas —y lo que hacen en nosotros. Paso los días escribiendo, reescribiendo, afinando, moldeando, cortando, puliendo y retocando palabras —como una estilista lingüística— para, en teoría, intentar persuadir a los lectores de comprar libros, pero también para intentar capturar la esencia de un texto de manera que se vuelva enseguida atractivo, para extraer sus cualidades únicas y hacerlas brillar. En pocas palabras, escribo el texto de contraportada».

 

— Patricio Cevallos Ovalle

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